Discusión sobre este post

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Avatar de Cristian Martín

Hay varios ejemplos de animales que, una vez han logrado sus objetivos (básicamente, aparearse, o como los salmones, desovar), se dejan morir. En esto estoy de acuerdo contigo en que la supervivencia no es esencial, sino derivada, como dices en un comentario por aquí.

Donde nunca estamos de acuerdo es con el componente biológico, que a mi parecer tiene un peso mucho mayor del que le quieres dar. Somos animales sociales porque los individuos que viven en manada tienen más posibilidades de sobrevivir (que le toque a otro cuando viene el depredador). Y queremos sobrevivir para poder tener tiempo a realizar nuestros objetivos, no porque si muero dejo de buscar valor.

Y también lo es que en nuestra sociedad, mucho más compleja que la de los salmones, queremos cumplir otros objetivos más allá de procrear. Y también que esos objetivos son aprendidos. Todo esto está bien, pero la mayoría de la gente, cuando ve la muerte cerca, no la quiere, tengan la edad que tengan.

Y tampoco hay que obviar el tema del sufrimiento. De momento temo más a la muerte con dolor que a la muerte en sí. Por cierto, Tu historia del botón me recuerda a las cabinas del suicidio de Futurama.

Avatar de Calda

Me ha gustado, haciendo honor al Buddha y a Epicuro. A dar la turra, pues ;)

La muerte es el cese de la actividad consciente y no puedes experimentar conscientemente ese cese, por lo que no experimentas la muerte ni "mueres conscientemente". Muere lo qué eres: un organismo con sus relaciones con el entorno y propiedades psíquicas, aunque puedes existir sin propiedades psíquicas y la mayor parte de nuestra actividad no es consciente, pero no experimentas el morir (aviso: no hay supervivencia psíquica ni individual ni cósmica, simplemente cesan esas propiedades). Lo mismo vale para el sueño, nadie experimenta el dormirse; la modorra o ese estado placentero de "pre-siesta" se experimentan.

Esto es un argumento en contra de la idea de que la muerte es mala por privación de bienes, idea que implica que no puede ser buena por privación de males. En la inexistencia no hay valor, es otro contexto. Más que no comprenderlo sería imposible de experimentar, pues podemos entender cosas sin experimentarlas (podemos entender la cesación de algo o no ser conscientes: te sacan una foto dormido y entiendes el suceso sin haber sido consciente). También en contra de que la longevidad sea un valor vital para la dicha individual, pues el ser consciente no se acumula, sino que se actualiza constantemente. Lo de "vivir experiencias" es también un error en el sentido de tener una vida rica biográficamente, no si se entiende como la actualización de cada experiencia consciente. El valor de los recuerdos es el disfrute o padecimiento actual de los mismos. Eso sí: la longevidad propia puede ser un valor para los demás, razón por la cual el suicidio con relaciones humanas a las que causemos sufrimiento es un acto profundamente egoísta. Lo bueno para mí y lo bueno para los demás se opone en muchas ocasiones, aunque puede trampearse con la razón y causar bien causándonos bien a la vez.

El sufrimiento relacionado con la muerte es entonces de tres tipos:

a) ante su pensamiento, reflexión y demás actos imaginativos. Es muy útil al respecto razonar sobre cómo son las cosas (entender el cambio inherente a la realidad y su inevitabilidad: lo qué es no puede no ser) y clarificar semánticamente nuestras ideas, pues el referente de la idea muerte es lo que estamos discutiendo aquí. Este tipo de sufrimiento es superable en gran medida.

b) ante una amenaza física o condicionada. Ante algo que amenaza tu integridad de forma inmediata tenemos una respuesta emocional fuerte muy difícil de controlar, como ante un oso, en un incendio, ante una agresión física de un tercero o un coche cuesta abajo sin frenos. Luego, hay amenazas condicionadas que requieren del uso del habla y de conceptos, mezcladas con el punto a), tales como un diagnóstico médico o una sentencia de muerte en un tribunal. Las amenazas directas tienen difícil superación sin exposición a la misma y entrenamiento concreto (un cazador, un ultra de futbol o un bombero); y las condicionadas sí pueden superarse con conocimiento, razón y, muy importante, dominio de la atención (la deliberación racional atenta y clara es la meditación occidental).

c) ante muertes ajenas o cosas que dejan de existir. En este caso, más que sufrir por la muerte, sufres la ausencia de todo lo positivo que hallabas en las cosas. Aquí la solución es la misma que el punto a) y es asequible.

Estás emociones y pensamientos se deben a lo qué somos: un animal social que busca sobrevivir y que tiene sus finalidades propias, con independencia de cómo nos hagan sentir. Estamos hechos así, y esa es la condición de posibilidad de la insatisfacción más profunda y de la dicha más elevada, unas finalidades derivadas de la evolución, horrendas y preciosas según toque.

PD: Quizás "psíquico" no es muy acertado, pues dentro de lo psíquico está lo consciente y lo inconsciente. Cuando digo asequible o superable no quiero decir que sea fácil ni que sea perfecto, pero es factible y posible. El punto b) lo veo muy difícil de superar en cambio, pero el a) y el b) están mediados por el lenguaje y el pensamiento, más accesibles.

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